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"Primer
Congreso Internacional sobre
Dante
Alighieri en Latinoamérica"
04 al 08 de Octubre de 2004 Salta - Argentina
Auspicia: CONSULADO GENERAL DE ITALIA EN CÓRDOBA - ARGENTINA |
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PARTE DE PRENSA Nº 1 |
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LA HUELLA DE ITALIA EN AMERICA En el marco del Primer Congreso Internacional sobre Dante Alighieri, el escritor italiano Marco Santagata, reciente ganador del premio Il Campiello, uno de los más importantes de su país, habla de la novela premiada y de su apasionado interés por los clásicos |
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Fueron cinco intensos días de doble jornada. El Primer Congreso Internacional sobre Dante Alighieri reunió en Salta a los especialistas más importantes de Italia, que se alternaron con los de diferentes países bajo el auspicio del Consulado General de Italia en Córdoba, la Universidad Católica de Salta y la Università degli studi di Cassino de Italia. En presencia de Tere Colque, la perfecta organizadora, inauguraron el Congreso el rector de la Universidad Católica, doctor Patricio Colombo Murúa, y Nicola di Tullio, el cónsul general de Italia en Córdoba. Una de las primeras ponencias fue la del pintoresco cubano Luis Toledo Sande, subdirector de la Casa de las Américas en Cuba, que se refirió a la presencia de Dante en Martí y dio una original definición de la italianidad en América. Dijo: "Las personas de apellido italiano que habitan en nuestros países son argentinos; si no son argentinos, son italianos; si no son ni argentinos ni italianos, son uruguayos".
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Una de las atracciones del congreso fue Marco Santagata, profesor de la Universidad de Pisa que venía de recibir el premio Il Campiello por su novela Il maestro dei Santi Pallidi (El maestro de los santos pálidos), editada por Guanda. En su exposición desarrolló una intriga apasionante a la manera de Sherlock Holmes, al plantear el siguiente enigma: ¿por qué Dante a partir del canto VII del Infierno, cambia no sólo su modo de escribir sino su actitud frente al mundo? Quizás Il Campiello, el Strega y el Bellonci, que también ganó Santagata por su novela Papá no era comunista, en 1996, sean los premios literarios más destacados de Italia. Marco Santagata nació cerca de Parma. Es un hombre de mediana estatura, de unos cincuenta y algo de años, rostro inteligente y afable siempre escondido detrás de los anteojos (no se los quiso sacar para tomar unas fotografías), que habla sin vanidad de sí mismo y de su obra. Fue el profesor más joven de la Universidad de Pisa cuando a los veinticuatro años empezó a dictar su cátedra. Ha escrito una docena de libros académicos acerca de Petrarca, Dante, Leopardi, Pascoli y d´Annunzio. "Siempre he estudiado poesía, nunca narrativa. ¿Por qué? Quizás por razones terapéuticas, para esquivar la esquizofrenia", confiesa. Y sigue contando: "Mi primer trabajo, de 1969, fue sobre Dante. Luego, Petrarca. Pero entre 1989 y 1991 dicté la cátedra en París y desde allí pude observar mi tarea con otra perspectiva, tomando distancia. Me di cuenta de que el camino que yo seguía era demasiado arduo y académico y quise cambiar, mostrar aperturas más ligadas con lo humano, con los sentimientos. Entonces escribí un libro, Fragmentos del alma, que resultó un libro muy divertido sobre Petrarca. Para mí fue un texto revelador porque ahí pegué el gran salto hacia la ficción. Escribí alguna novela de carácter autobiográfico y luego en El copista narré un día en la vida de Francesco Petrarca. Busqué encontrarme cómodo en los dos campos, como crítico literario y como escritor de ficciones y creo que lo he logrado". Le pregunto por Il maestro dei Santi Pallidi, su última novela, que ha ganado Il Campiello. Su rostro se anima, la alegría le asoma a los ojos y por primera vez sonríe ampliamente. "La trama transcurre en la mitad del 1400 y su protagonista es un hombrecito insignificante; su cruel patrón dice que lo ha comprado y debe cuidar las vacas y hacer los trabajos más humildes. Lo maltratan tanto que decide suicidarse, pero su proyecto se ve frustrado. Un día va a una capilla, que todo el mundo elogia por la belleza de sus frescos y, al verlos, se emociona profundamente; así, a través de Masaccio, descubre el colorido y la perspectiva. Comprende entonces cuál es el sentido de su vida, se escapa y, de pronto, después de padecimientos extremos, encuentra un castillo y dentro una excéntrica condesa que lo ayuda y lo alienta. Estudia, trabaja, busca incansablemente capturar la luz que lo deslumbra en su radiante perspectiva. Un buen día la condesa le concede la gracia de permitirle pintar su capilla. Y cuando cree haber logrado captar el milagro de la luz, a través de las figuras de unos santos pálidos de delicadísima belleza, la condesa, que no lo entiende, se disgusta y le pide muy contrariada que blanquee las paredes. Esa es a grandes trazos la trama, pero hay muchas peripecias complejas en las doscientas cincuenta páginas de la novela." Santagata dice algo poco común: "Yo pienso íntegra la novela y cuando me siento a escribir, ya tengo todo resuelto, es casi como traducir mi pensamiento completo y elaborado. La escritura se desliza sin tropiezos y sin pausa. Ahora, he venido a Salta porque me interesaba participar en este Congreso, pero, además, así me escapo de todo ese aparato persecutorio de llamados, de entrevistas, de gente que me acosa y me cansa preguntándome cosas insensatas. Sobre todo, no quiero ser presionado por el editor que me pide otro libro en seguida. No. Quiero disponer de mi tiempo, ser libre y escribir cuando necesite hacerlo y haya encontrado un argumento que me dé felicidad". Subrepticiamente mira el reloj, es tarde y por la mañana debe tomar un avión muy temprano. Pero, cuando insinúa levantarse, le pregunto cómo ve la actual narrativa italiana. "Faltan las grandes figuras y se publican demasiadas novelas, unas tapan a las otras y ya es imposible leer ni siquiera la mitad. La poesía tiene mejor perspectiva; en el siglo XX hubo grandes representantes del género, quizás fue el mejor siglo para la poesía. Sin embargo, aparecen muchos poetas diletantes que publican incansablemente y eso va en detrimento de la calidad." Mientras le sacamos un serie de fotografías, habla con el mismo tono mesurado y bajo: dice que Salta es espléndida y tiene razón, cuenta que su libro está en vías de ser traducido al español por la editorial Destino y asegura que volverá a la Argentina en el 2004. Es tarde, ahora mira sin disimulo el reloj. Se levanta, agradece, se despide y se va. La entrevista y el Congreso Dante han terminado.
Por María Esther Vázquez Para LA NACION - Buenos Aires, 2003 |
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Suplemento Cultura - www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=556930 Domingo 21 de Diciembre de 2003 |